Mi carrera como gran pasión
Hola a todos, a punto de acabar mi cuarto y último año en el grado de traducción e interpretación, supongo que es normal que me acechen miles de dudas y miedos.
A parte de por ocio y redacción libre, he comenzado a escribir este blog con la finalidad de contar el provecho que he podido sacar a estos cuatro años de carrera, así como mis intenciones laborales y los logros personales y nuevos conocimientos adquiridos a partir de ahora; que por así decirlo, comienzo a abrirme paso en este gran mundo.
Empezaré por el principio de una de las mejores decisiones de mi vida, hacer esta carrera.
En 2010 y con tan solo 18 añitos tenía clarísimo que el francés era mi pasión. De todos los grados relacionados, este era el que más me intrigaba, el más práctico y el que tenía unas salidas más atractivas.
Empecé mi primer año entusiasmada y con una meta fija, ser profesora de francés.
Cuando empecé a conocer a mis nuevos compañeros, muchos de ellos eran nativos y eso me asustaba, tenían cierta ventaja en cuanto al dominio de la lengua...pero no me di por vencida tan fácilmente, sabía que tenía ciertas carencias y la mejor solución no fueron ni las clases particulares ni la escuela de idiomas, sino irme de Erasmus.
Aquí comienza la que fue, sin duda alguna, la mejor experiencia de mi vida. Me fui a París, con dos maletas y sin casa. Fue un año en el que trabajé, estudié, aprendí muchísimo francés y muchísimo sobre Francia. Además tuve la gran oportunidad de hacer varios viajes, que me hicieron empezar a ver el mundo desde otra perspectiva. Esta experiencia me hizo ver que mi futuro profesional no estaba tan lejos y que si quería llegar lejos tendría que aprovechar todas las oportunidades. Tal fue el cambio que di, que mis metas cambiaron por completo, así fue como decidí que quería dedicarme a la traducción, interpretación o incluso hacer un máster en relaciones internacionales o comercio exterior para abrirme nuevas puertas.
La gran experiencia llegó a su fin y con ella empezó el tercer año de carrera. Este año me hizo crecer como profesional, descubrí el apasionante y complicado mundo de la interpretación (bilateral, consecutiva y simultánea) y aquí empecé a ver esta carrera como algo verdaderamente práctico. Se necesita a un traductor para todo en esta vida, en España, prácticamente todo está traducido; desde películas y libros hasta videojuegos e instrucciones de electrodomésticos. Pero mi pasíón era la interpretación, la imperiosa necesidad de hacer llegar un mensaje a alguien que lo necesita.
Este fue un gran año en el que descubrí que el que no corre vuela y que la competencia existe, ¡y tanto que existe!
Durante el verano pasado hice un proyecto de traducción inversa para el Concello de Lugo, que me convalidaron por la mitad de las horas de la asignatura de prácticas del cuarto año. Este proyecto me hizo empezar este último año entusiasmada y con tantas ganas de aprender como siempre.
No me quedan más que un par de meses para acabar y me dedico a hacer un proyecto para AENOR de la traducción de una norma junto con más compañeros de traducción y de telecomunicaciones. Sinceramente, a pesar de que estamos hasta las trancas de trabajo, me apasiona este mundo.
Mi meta actual, ser auxiliar de conversación el próximo curso y ¡quién sabe! puede que hacer un máster para profundizar mis conocimientos en algún dominio y así poder ofrecer algo más concreto en mi CV. Pero el futuro todavía está por descubrir. Por el momento me estoy abriendo camino en mi meta perdida, la docencia, puede que solo sea por un tiempo o que lo combine como apoyo extra mientras realizo otras actividades.
Gracias por haber leído esta entrada de esta época de descubrimiento interior y de crecimiento profesional.